Agatha Christie escribía sumergida en una bañera y comiendo manzanas
Cada
vez que empiezo un libro me pica la curiosidad por saber datos personales del
autor, que lógicamente no acostumbra a lar en su obra. Cómo y cuándo escribe,
por la mañana, por la tarde, de madrugada, de pie, tumbado, a máquina, con
estilográfica, bolígrafo, ordenador…; entre sorbo y sorbo de ginebra o comiendo
manzanas…, como era el caso de la excéntrica e inigualable Agatha Christie, que
por eso había mandado instalar una gran bañera con repisa (de caoba), en la que
depositaba la fruta, además de sus lápices, cuadernos de notas y su taza de té.
Todo esto, ya digo, en tan singular espacio, porque la famosa novelista tenía
por costumbre pergeñar sus manuscritos de novela negra sumergida en una gran
bañera victoriana, y no crean que era para inspirarse; sus mejores ideas para escribir manaban de la portentosa imaginación de Christie
alejada del chapuzón, mientras hacía ganchillo. También se le ocurrían
crímenes entre pucheros, haciendo otras tareas del hogar, con las que
disfrutaba particularmente, como fregar platos o zurcir calcetines.
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