CIERTO ES que los años son buenos o malos dependiendo para quién, pero el que hoy acaba merece que lo incluyamos entre los que es mejor olvidar. Llegado el momento de despedir uno y recibir otro suele ocurrir que la rutina, plasmada en deseos de felicidad, impide ver la realidad más cruda, la que dejamos atrás y la que viene. La crisis, el desempleo, las guerras, la bronca política, la violencia familiar, la delincuencia…poco van a cambiar y millones de seres humanos seguirán sufriendo, en muchos casos por culpa de los que menos sufren. Bien es verdad que son ciclos, pero contemplarlo así, sin más, poco alivia a quienes padecen. ¿Qué no pasó siempre? Claro que sí; en la Biblia se contabilizan hasta diez hambrunas de entre seis y diez años, y en algunas de ellas se engendró nada menos que el canibalismo. A veces hasta es necesario comerse los unos a los otros para no claudicar todos, pero no sé si viene a cuento recordarlo. Mejor es que prendamos la antorcha del optimismo. Por si acaso, feliz año a todos. Que disfruten.
(El Progreso, 31/12/09)
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