Les supongo al tanto de lo que se especula sobre la posible restitución del Códice Calixtino coincidiendo con la festividad de Santiago Apóstol, es decir mañana, porque la rumorología apunta a que el ladrón es alguien cercano a la 'casa' y que sustrajo el preciado y valioso manuscrito para llamar la atención sobre su inseguridad. Cualquier cosa. También se apunta a que podría ser devuelto bajo secreto de confesión, aunque si es del entorno, con la facilidad con que lo llevo bien podría de nuevo dejarlo en su sitio, salvo que perdiese la llave. Pero ello plantea un dilema ético y espiritual. O incluso legal. Ya se sabe que el secreto de confesión es inviolable, y por eso algunos sacerdotes dicen que se negarían a recogerlo, porque de aceptarlo burlarían la actuación de la Justicia, eximiendo al culpable de cualquier responsabilidad penal. Es difícil conjugar el planteamiento, pero a estas alturas carece de sentido que el sigilo de confesionario sirva para exonerar a delincuentes. Ocultar pecados no parece lo más propio para conciliarse con Dios.
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