Mejor que no hacer nada sí es, pero a la vez que se alivia un problema arranca un lío que tenderá a perturbar aún más el drama. Del mismo modo que es imposible establecer barreras entre feos y guapos, buenos y malos…, más lo será fijar los criterios que reglen los casos de necesidad extrema y poder precisar a quienes alcanza la moratoria de desalojos por impago de hipotecas que acordó (a buena hora) la banca. ¿Dónde acaba la necesidad y dónde empieza la extrema indigencia? Alguien deberá fijarlo llegado el caso, y es entonces cuando surgirán los desequilibrios, los agravios comparativos y toda una ristra de discordias que frustrarán remedios y soluciones en cada caso. No es, además, más que un parche que, en la mayoría de los casos, solo enmascara y aplaza dolorosas consecuencias a corto plazo. Y es en el instante de la falsa euforia que retrasa el conflicto cuando empieza la cuenta atrás de plazos y obligaciones que han de acatarse. Los bancos nunca perdonan.
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Hace 57 minutos
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