TRAS la muerte de cinco militares en un campo de maniobras de Hoyo de Manzanares, como saben al estallar los artefactos que manejaban, oí a un general que se utilizan minas anticarro auténticas porque, vino a decir, las estrategias del momento actual así lo aconsejan y se hace para imprimir verosimilitud a los ensayos. Recuerdo que en mis ya lejanos ensayos de milicia, en zapadores, se utilizaba, eso sí, munición real en las prácticas de tiro, pero en las maniobras y simulacros de desactivación de minas, era de mentira, sin riesgo para quienes manejábamos aquellos potenciales explosivos. Es verdad que cambiaron los tiempos, pero los peligros son los de siempre, y me pregunto si merece la pena exponer a quienes realizan las pruebas, por muy expertos que sean, a un riesgo que, cuando le cuadra, acaba de manera tan drástica como en esta ocasión. Puede que algún experto no lo comparta, pero las vidas humanas deben preservarse y garantizarse hasta límites en los que caben pocos experimentos mortíferos.
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