Supongo que nadie confiaría
al pirómano confeso la tarea de apagar el próximo incendio. Viene a ser lo
mismo que encomendar a Pachi Vázquez, tras el tremendo porrazo en las autonómicas gallegas, guiar el
proceso de renovación (?) de los socialistas en Galicia, con el previsible
resultado de la regeneración confiada en su momento a Rubalcaba y que a la
vista está, y que también se resiste.
Les cuesta irse, y eso demuestra lo mucho que se quieren a sí mismo
algunos dirigentes y lo poco que aprecian los símbolos que representan. El caso
es aferrarse al cargo hasta la recogida de las cenizas. Claro que son los menos
culpables, y la mayor responsabilidad recae en quienes les aplauden y alientan esperando
también recoger beneficio, sin importarles causar perjuicio no solo a miembros
y simpatizantes del partido, sobre todo a los que exigen una transformación
seria y profunda ya, sino a los ciudadanos en general, que sin voz ni voto asistimos
a la descomposición de uno de los contrafuertes del sistema democrático.




