SI LAS LEYES están para que se cumplan, aunque a veces no sea así, no entiendo la enrabietada y prepotente insumisión de hosteleros y fumadores desacatando la prohibición del tabaco, porque si se aplica la norma, como se establece, tendrán que hacer frente a las sanciones correspondientes. Pisoteando, además, derechos de los no fumadores se autoproclaman víctimas, como si la restricción de humos, sancionada en el Parlamento, no fuese legítima, sea o no acertada en función de quien la valore. Es como si un automovilista amante de la velocidad decida por su cuenta no respetar las limitaciones, o que el narcotraficante estime que se atropella su negocio. Pero aun siendo muy minoritaria, tengo mis dudas de que el Gobierno, muy debilitado, consiga aguantar la presión; por lo de pronto ya planteó la posibilidad de sufragar la cura de adicciones, ignorando, por ejemplo, las del alcohol y las de las drogas, y otras atenciones médicas, tan o más necesarias, sin la vitola de gratuidad.
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