Parece evidente, y así lo expresé en diversas ocasiones, que el jurado popular, legítimamente establecido y con todas las bendiciones democráticas, no ofrece a quienes se sientan en el banquillo las mismas garantías procesales y jurídicas que un tribunal profesional, salvo las excepciones que siempre hay, pese a las opiniones en contra y contundentes de quienes lo defienden sin fisuras. Y digo todo esto porque choca que muchos de estos que lo consideran la panacea de la Justicia justa sean ahora quienes ponen en duda la legitimidad del fallo favorable a Camps y Costa, en Valencia, argumentando que de ser un tribunal profesional serían condenados. Y apelan al posible recurso para que sean condenados. Es decir, que el jurado sólo es bueno cuando complace sus intereses, y malo cuando se devía de lo que les gustaría que ocurriese.
Sigo opinando que la Ley del Jurado se merece una reforma, para que sea cuando menos mixta. Al menos parte de sus integrantes no ignorarían fundamentos jurídicos que a los profanos les pasan desapercibidos, pero dicho esto, tanto 'progre' de pacotilla que arrima el ascua a su sardina, lo menos que pueden hacer es callarse para que no se les vea el plumero.
Sigo opinando que la Ley del Jurado se merece una reforma, para que sea cuando menos mixta. Al menos parte de sus integrantes no ignorarían fundamentos jurídicos que a los profanos les pasan desapercibidos, pero dicho esto, tanto 'progre' de pacotilla que arrima el ascua a su sardina, lo menos que pueden hacer es callarse para que no se les vea el plumero.
