Cada
cual, faltaría más, es muy libre de interpretarlo como lo venga en gana, pero
la cantinela del independentismo catalán, más que un sentimiento es una
operación de mercantilismo puro y duro, como lo fue siempre. El ex honorable
Pujol, envuelto en la enseña patria, según convenía, siempre vendió a muy alto
precio sus apoyos a los diferentes gobiernos centrales, sin importarle para
nada el color. ¡Qué más da la tintura a la hora de ordeñar! Su acólito vino a
Madrid con el pretexto de hablar del referéndum, pero el señor Mas traía también
en la cartera más una veintena de peticiones que nada tienen que ver con el
independentismo por si Rajoy se dignaba considerarlas, en tanto se resiste a la
consulta. Y en eso está, dicen, el presidente. No les sorprenda por tanto que
el todavía titular de la Generalitat acabe olvidando objetivos ‘irrenunciables’
a cambio de dádivas que alivien su maltrecha economía, ni que el inquilino de
la Moncloa las acepte, dando a Cataluña lo que niega a las demás comunidades. Y
a eso le llaman equidad y equilibrio.
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Hace 43 minutos
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