Sin obviar que las encuestas son lo que son y que las urnas corrigen con frecuencia falsas expectativas y acallan euforias, los sondeos son un referente que tampoco se puede despreciar. Por eso las últimas previsiones sobre lo que puede ocurrir en Valencia invitan a dos reflexiones. O los trajes de Camps son un factor forzado y artificioso que los socialistas utilizan para desacreditar al candidato/presidente con mayor rebumbio de lo que perciben los electores, o por el contrario cabe preguntarse cómo es de fulera la apuesta para contrarrestarle; en cualquier caso, el pretendido desgaste no parece calar en el elector; surte por lo que se deduce el efecto inverso, dando oxígeno al aspirante popular que aumenta (cinco escaños) su potencial ventaja, cuando debiera ser lo contrario de ser sólidos los argumentos utilizados para denunciar las supuestas corruptelas que pesan sobre él. Desde fuera se entiende mal, pero lo único axiomático es que los valencianos (están allí y deciden) tienen otra percepción, que es soberana, guste o no.
División en el Gobierno ante el reparto de menores impuesto por el Supremo:
Torres fuerza retirar el recurso que había presentado la Abogacía
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El Supremo obligó al Ejecutivo a hacerse cargo de unos 1.200 menores
malienses y senegaleses que han pedido asilo político en España y que están
hacinados ...
Hace 1 hora
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