Tenía que pasar. Lo que ocurre es que hasta que la crisis contribuyó a destapar todas las miserias los trapos sucios se levaban en casa. Leo un informe según el cual son unos cuantos los equipos de fútbol de Segunda B que están al borde de la extinción. Sueltan lastre, aligeran plantillas, pero las deudas contraídas son tan desproporcionadas que el remedio no parece otro que la disolución. Era evidente que muchos clubs, incluso de superior categoría, planificaron sus plantillas sobre un potencial irreal e irresponsable y ahora, como ocurre siempre en cualquier economía, se pagan las consecuencias a muy alto precio. No habría sucedido de ser más consecuentes, pero muchos directivos de este deporte no suelen medir los riesgos, y hasta ahora siempre se fueron librando, amparados por el libre albedrío de una actividad imprecisa, incluso para el fisco, a la hora de asumir responsabilidades. Cosas del fútbol, siempre se dijo. Pero eso no evitará el cierre de algunos.
(El Progreso, 9-01-09)
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