HAY mil maneras de perder el tiempo, pero cada cual es muy libre de hacerlo en tanto en cuanto no moleste al prójimo, como también existen mil formas de hacer el ridículo. Ídem de lienzo. Pero no da igual cuando la que incurre en estos dos vicios es la Justicia española, porque sí nos afecta a todos. Todos lamentamos que Israel mate a palestinos, y algunos, incluso, que éstos se carguen a israelíes, lo cual no justifica la fantasmada de un juez de la Audiencia Nacional a admitir a trámite la querella particular por una acción judía en 2002 en la que murieron varios civiles y un miembro de Hamas, porque es un gesto testimonial que roza el esperpento por muy legal que sea. Es un modo de hacer bolillos, despreciando cientos de causas pendientes aquí. Es la misma Justicia que decide no calificar de acto terrorista la explosión de un artefacto que lanzó un pro etarra contra la vivienda de un policía vasco, por argumentar el agente que sólo quiso impresionar a su novia.
(El Progreso, 31/01/09)
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