Son tantos y variopintos los despilfarros de los gobernantes que desmenuzándolos pierden intensidad y, sobre todo, hacen perder la perspectiva del derroche. Aún así relumbra el dispendio alimentado por una absurda y pomposa codicia de las autonomías, por razones de votos e imagen, como es mantener las superfluas embajadas, entre sus muchos excesos. El Gobierno admite tener reconocidas un total de 149 en diferentes países, pero ignora, lo cual es muy grave, el gasto que supone al erario, tal es el descontrol. Del total de las oficinas autonómicas en el exterior, veinticinco tienen carácter político y el resto de tipo comercial. Por ejemplo, además de Bruselas, la ‘arruinada’ Cataluña de Mas cuenta con representación diplomática en París, Berlín, Londres, Nueva York y Buenos aires, y el País Vasco, en Nueva York, México, Argentina, Chile y Colombia. Galicia, en Buenos Aires y Montevideo, aunque Feijóo instaló las sedes en los centros gallegos. Y después no hay para pan…
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