Hace apenas nada, eran impensables chiflas e improperios a los miembros de la familia real, que siempre gozó del mayor respeto y consideración en sus comparecencias públicas, sobradas incluso de una desmesurada adulación. Pero las cosas cambiaron, bien sea porque la ciudadanía está irritada por derivaciones de la crisis y culpa de ello a todo lo que se mueve con responsabilidades políticas o institucionales, o porque agitadores y alborotadores encontraron un nuevo filón. Pienso que la última en sufrir las consecuencias fue la propia Reina en Oviedo, creo que por parte de los afectados por el conflicto de la minería del carbón, como si la soberana tuviera algo que ver o estuviese en su mano salvar una industria decadente y ruinosa para el país, con todos los respetos para los que defienden su trabajo en el sector. Otra cosa sería si, de forma correcta, hubiesen pedido su mediación, pero parece que la buena educación no es resorte apropiado, ni para esta y ni para otras demandas.
De Rocafonda a Times Square, el Mundial espera ansioso por Lamine: "Todo lo
que toca lo convierte en oro"
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La selección, y el torneo, viven pendientes de la evolución de una de las
grandes estrellas mundiales. "Está concienciado", dicen en la concentración
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Hace 3 horas
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