Si nunca amanece sin un nuevo escándalo, sea político, económico o institucional, lo natural es que el de ayer envejezca, sin ser viejo, para dejar sitio al de hoy, como a codazos para hacerse sitio en el albañar. Si la impudicia circula a velocidad de crucero, los actores tienen razones para frotarse las manos de satisfacción, al revés de quienes sufren las consecuencias de tal sucesión, que somos los demás; eso quiere decir que los casos de corrupción, de nepotismo, de espionaje…acaban eclipsándose en falso, sumiéndose en el olvido, perdiendo incluso el interés de los artilleros mediáticos, que sintiéndose incapaces de dar abasto se limitan a cañonear sobre el cisco emergente, dejando que los demás se pudran en la indiferencia de una columna de página par. Estamos lo que se dice rodeados y con pocas opciones de poder salir del atolladero en que nos han metido los protagonistas de todas las desdichas que nos mortifican, menos hoy que mañana, que será otro mal día, con nuevo alboroto.
David Uclés gana el Premio Nadal con una novela metaliteraria ambientada en
la Barcelona de posguerra
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El escritor se lleva los 30.000 euros del galardón y se consolida con 'La
ciudad de las luces muertas', con 'cameos' de Carmen Laforet, Antoni Gaudí
o Fred...
Hace 1 hora
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