Un placer, amigos

Es un honor para mi el que visites mi página y espero que descubras algo que pueda interesarte. Además de reproducir los breves artículos de opinión que en días alternos publico en el diario El Progreso de Lugo, sobre variados temas del día a día, también procuro insertar pinceladas de actualidad, de contenido histórico (no al uso) o costumbrista para hacer más amenos los textos, viajes..., aparte de incluir algunos enlaces que pueden ser útiles en determinados momentos. También os invito a seguirme. Un saludo cordial desde la romana y amurallada ciudad de Lugo, la Lucus Augusti, en España.

jueves, 9 de mayo de 2013

Guardar el dinero en casa, ¿es legal?

¿Se puede tener en casa todo el dinero que se quiera, sin temor a represalias de Hacienda? Sí, se puede, siempre que su procedencia sea legítima. Los expertos, no obstante, alertan del peligro que puede suponer tener grandes cantidades en casa por posibles robos y la necesidad de si luego se quiere volver a ingresar poder demostrar su procedencia. Pero la inestabilidad bancaria anima a los ahorradores a ocultar su dinero debajo del colchón.

(Información de Consumer)
Dentro de una maceta, detrás de un cuadro, en el congelador o el bote de las galletas... e incluso en un colchón con una caja fuerte incorporada que ya fabrican. Todos son escondites para guardar los ahorros en casa. Sin llegar a este último extremo (o sí, porque los españoles cada vez tienen más miedo a un "corralito" como el chipriota, y confían menos en sus sistemas bancario y financiero), el número de ciudadanos que duda sobre si guardar su dinero en casa o en el banco aumenta en tiempos de crisis. Ahora bien, ¿es una práctica legal? ¿Puede haber algún problema con Hacienda? Como se señala en el presente artículo, se puede tener en casa todo el dinero que se quiera, siempre que su procedencia sea legítima, por eso, conviene ser precavido y poder acreditar siempre el origen del efectivo.

¿Puedo guardar mi dinero en casa?

500, 1.000, 3.000, 6.000 euros... No hay ningún impedimento legal para guardar fuera de un banco todo el efectivo que se desee y que se haya ganado de manera lícita. Cada uno puede disponer de su dinero como desee, y almacenarlo donde quiera.
Hacienda, sin embargo, advierte del peligro fiscal de guardar el dinero en casa: no tanto por sacar una cierta cantidad del banco, sino por cómo y cuándo aparece de nuevo. Si una persona retira 20.000 euros de una cuenta, y poco después ingresa la misma o similar cantidad, es creíble que sea el mismo dinero. Pero si permanece más tiempo fuera del circuito bancario, al aparecer de nuevo, la Administración puede dudar de su procedencia y obligar a tributar sobre el mismo en el Impuesto sobre la Renta, como una ganancia patrimonial no justificada. Obligaría a tributarlo hasta un 52%, si no se consigue probar que se trata del mismo dinero que se sacó.
En ese sentido se ha pronunciado la Dirección General de Tributos, respecto a la realización de una retirada y de un posterior ingreso en efectivo en una cuenta bancaria. Se indica que, en el ámbito fiscal, no se tiene por qué creer que el dinero que un cliente saca de su banco en un momento determinado es el mismo que se mete en la entidad después de un periodo de tiempo medio o largo. Podría ser un premio, una herencia o una ganancia que Hacienda desconoce y, sobre todo, por la que no se han pagado impuestos. Por este motivo, cualquier persona que ingresa dinero en una cuenta bancaria debe poder acreditar cómo lo ha obtenido.
Si se alega que esa cantidad es la misma que retiró, conviene que pueda demostrarlo. Para la Administración, la carga de probar el origen del dinero metido en una cuenta la tiene el contribuyente. Por ello, para evitar que se considere que lo reingresado supone una ganancia patrimonial no justificada, hay que ser precavido. Conviene, en los casos más extermos y tras retirar una importante cantidad de dinero, acudir a un notario.

Suficiente control de Hacienda

Sin embargo, según señalan algunos expertos, en realidad no es tan complicado demostrar que el dinero es legal. Cuando se retiran más de 3.000 euros en metálico de una cuenta, se debe indicar al cajero de la oficina para qué se desea. Así, se puede guardar con plena libertad en casa, en una caja de seguridad o donde estime oportuno el ahorrador.
Otra cuestión es que haya mejores opciones que tenerlo en casa "a cal y canto", como invertirlo en un "valor seguro". En todo caso, eso sí, es recomendable guardar todos los recibos de reintegro o de compra.
Además, no hay que ser ingenuo: Hacienda sabe siempre quien gasta más de lo que gana. Tiene múltiples medios para ello: pagos por cheque, ingresos de más de 3.000 euros, uso de una Visa Oro, abono de facturas de más de 3.000 euros donde figure el NIF... Casi siempre se sospecha cuando la operación es de cierto importe, en general superior a 3.000 euros.
En caso de que la Administración localice un gasto superior a los ingresos declarados, llama y sanciona al contribuyente por el importe que supone no declarado con su impuesto correspondiente, intereses de demora y multa.

Legal sí, pero ¿seguro?
En un armario y dentro de bolsas de plástico, las monjas de un convento de Zaragoza tenían almacenado un millón y medio de euros. Todos, céntimo a céntimo fueron robados por un ladrón, y dejó a las religiosas sin consuelo, y con el problema de demostrar ante Hacienda la procedencia de semejante cifra.
Un robo es el más frecuente de los peligros que conlleva el hecho de guardar el dinero en casa. Pero, además, incendios, inundaciones, terremotos, o morir sin decir dónde estaba la "hucha"... son otros riesgos frecuentes de mantener el efectivo "debajo del colchón".
Es aconsejable, por tanto, para quien ya no confíe en el banco, no guardar todo el dinero en casa, sino solo lo necesario para hacer frente a los gastos corrientes durante un periodo aproximado de medio año. El resto, mejor depositarlo en una caja de seguridad en una entidad financiera.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Agudizar el ingenio, remedio para combatir los efectos de la la crisis

José María Besteiro, productor de televisión
Cuando José María Besteiro comenzó en la Redacción de El Progreso su andadura profesional, entre sus cualidades intelectuales y humanas, que son muchas, ya asomaba el ingenio como virtud, que tan bien iba a rentabilizar en el futuro, y sin lo cual sería más difícil llegar a ser uno de los productores punteros de series de televisión. Se las ideó, por ejemplo, para que su ‘Libro de familia’ se impusiera a otras ficciones cinco veces más caras, como él mismo precisa, y sus proyectos retan las dificultades del sector audiovisual: “Con la crisis no hay más remedio que agudizar el ingenio”, afirma, en vez de plegarse a aprietos y agobios recesionistas que frustran otras iniciativas menos imaginativas. Sin que tenga nada que ver, sí recuerda lo que, durante el franquismo, la censura comportaba para la creatividad, obligando a exprimir el magín, esfuerzo que más de una vez se plasmó en excelente resultado. A ver si la receta de Besteiro inspira y anima a otros forjadores desalentados por la adversidad.

lunes, 6 de mayo de 2013

Reveladora vivencia de un periodista desconectado durante un año a la Red

La experiencia no tendría sentido hace treinta años, cuando se podía vivir sin teléfono movil, sin internet e incluso, remontándonos más, sin televisión. No suponía niguna abstinencia ni dependencia, pero las cosas han cambiado de tal forma que tales avances se hacen tan necesarios como respirar. Es una cuestión vital. Un periodista del blog The Verge se marcó un año sabático, sin conectarse a la red, para luego contar su experiencia, que por lo que se deduce no fue agradable, aunque reveladora. Karelia Vázquez lo desarolla en El Pais y la conclusión es clara: subsistir sin internet es casi imposible. Parece tan necesaria como comer.

Por: |

Uno de los experimentos más extremos de la era digital lo puso en marcha Paul Miller, un redactor de tecnología del blog The Verge, conectado permanentemente y cuyo trabajo consistía en probar todo tipo de juguetes tecnológicos.
Ya hemos hablado en un post anterior de su misión: No conectarse a Internet durante todo un año. Pues bien, el año ha pasado, la misión ha concluido y nuestro hombre vuelve al redil (léase a Internet) con el rabo entre las piernas.
Poco ha quedado de los tintes épicos de los primeros meses de su experimento -él mismo reconoció que por un momento fantaseó con la idea de ser una especie de salvador de la humanidad que revelaría al mundo cómo Internet era una especie de maleficio que estaba "corrompiendo su alma". 
Paul tenía 26 años cuando se sometió por voluntad propia a su particular travesía del desierto. Pensó que perdería su trabajo, pero a los editores de The Verge la experiencia les pareció suficientemente excéntrica como para seguirle pagando su sueldo a cambio de que una vez por semana contara su vida de desconectado.
Este es el diario de su año sabático sin Internet. Unas crónicas que tecleaba en su casa y luego llevaba en metro a la redacción en un pen drive para que una colega lo subiera a la web. 
 Veamos lo que cuenta en esta especie de declaración de principios que él titula I am still here back on line after a year without the Internet (Aquí estoy todavía. La vuelta on line después de un año sin Internet). 
"Estaba equivocado". Así empieza su Mea Culpa. Paul dice que ha conseguido su propósito: ser un hombre 100% libre de Internet durante 365 días. Un tiempo durante el cual no ha revisado su email, no ha navegado por la web ni ha puesto un Like en sitio alguno.
Según cuenta, se salió de Internet porque pensaba que lo estaba convirtiendo en una persona improductiva e impaciente, y confiaba que un año de desintoxicación digital le transformaría en una especie de Mesías, un iluminado que contaría al mundo cómo renunciar a Internet lo había convertido en "un ser real y casi perfecto". 
Sin embargo, cuenta en The Verge, el día que se disponía a contar su experiencia se despertó a las ocho de la tarde después de dormir todo el día, y con ocho mensajes de voz acumulados en el buzón de su teléfono. Antes de sentarse a trabajar, recogió dos periódicos y la revista The New Yorker del café más próximo. Entre medias vio Toy Story. Y todavía dio varias vueltas antes de empezar a escribir.
Primera conclusión: Internet nos distrae y mucho, pero no es lo único. Puestos a dispersarnos, a ser improductivos, y -para usar esa palabra tan moderna, a procrastinar-, disponemos de infinitos recursos en el mundo off line.  
I Etapa. La inocencia
A las 23.59 del 30 de abril de 2012, Paul apagó su router. Cambió su smartphone por un teléfono móvil de primera generación y se sintió liberado. Dos semanas después asistió a una reunión de judíos ultra ortodoxos en Nueva York que aprendían de los rabinos más respetados cuáles eran los peligros de Internet. "Está reprogramando nuestras relaciones, nuestras emociones y nuestra sensibilidad", decían. Los nuevos amigos de Paul lo animaban a "parar y disfrutar del olor de las flores". Paul pensó que tenía por delante un año espléndido. 
"Mi vida se lleno de acontecimientos: encuentros con personas en la vida real, paseos en bici, y literatura griega. Sin saber cómo, escribí la mitad de mi novela y conseguí entregar mi artículo a tiempo cada semana". Además, Paul perdió cerca de siete kilogramos y se compró ropa nueva. La gente le decía lo bien que estaba y lo feliz que parecía
Aunque se sentía un poco solo y bastante aburrido estaba contento con el cambio. En el mes de agosto escribió en su diario: "El aburrimiento y la ausencia de estímulos constantes me ayudan a concentrarme en las cosas que realmente importan, como escribir y pasar tiempo con los demás". 
Su atención mejoró y pudo leer cien páginas de La Odisea de una sentada. Antes leer diez seguidas le costaba lo suyo. Notó que al estar fuera de la influencia de Internet sus ideas eran diferentes a las del resto. Se sentía un poco excéntrico y eso le gustaba. 
Sin su Iphone (y sin el Imessage, tan popular en Estados Unidos como el Whatsapp entre nosotros) Paul se vio obligado a dar la cara y a aprender a manejarse en situaciones sociales incómodas, que antes solía sortear con mensajes de textos y emoticonos de sonrisitas y guiños. Como también había renunciado a sus seguidores de Twitter tuvo que ir a buscarlos a la vida real. Se sentía más conectado con la gente y con su familia. "Menos capullo, básicamente", dice en su artículo. Y apunta un hecho inédito e inexplicable en su vida: "He llorado viendo Los Miserables". 
En aquellos primeros meses estaba seguro de que su hipótesis era correcta. Liberarse de Internet lo convertiría en una versión mejor de sí mismo. 
II Etapa. La realidad
Contra todo pronóstico, los asuntos prácticos como consultar un mapa (de papel) o comprar un billete de avión (lo hacía por teléfono) no fueron un problema durante el año de abstinencia. 
Lo que sí supuso un verdadero obstáculo fue la lentitud del correo. Durante ese año, Paul adquirió un apartado postal y en los primeros meses le causaba gran alegría encontrar su buzón repleto de cartas tangibles de sus lectores anti Internet, impresas en papel, algunas manuscritas. Pero al tiempo, empezó a sentir remordimientos al comprobar que no estaba dispuesto a contestar ni a corresponder a semejante avalancha de gratitud. Debía hacerlo por misivas impresas que debían enviarse por correo postal. "Por alguna razón, ir a Correos empezó a sonarme como otro trabajo". Al poco tiempo empezó a temer a las cartas y a sentir cierto resentimiento hacia ellas. "Comprobé que responder una docena de cartas a la semana era tan agobiante como gestionar cientos de emails en un día". 
Y dejó de culpar a Internet de todas sus desgracias. "Un buen libro es un gran motivo para leer tengas o no Internet. Salir de casa y pasar tiempo con tus amigos es una elección personal que tampoco está tan condicionada por tener o no una conexión disponible", explica. 
A finales de 2012 Paul había adoptado un nuevo estilo de vida. "Había abandonado mis buenos hábitos de los primeros meses  y había descubierto nuevos vicios off line. "En lugar de aprovechar la ausencia de la hiperestimulación de la red para ser más creativo, me convertí en un consumidor pasivo y en un marginado social". 
"En un año apenas cogí la bici (...) La mayoría de las semanas no salía con mis amigos ni una vez. Mi lugar favorito era el sofá, y mi postura natural, subir los pies a la mesa del salón para jugar a Borderlands 2 o Skate 3

III Etapa. Los problemas
Como hemos dicho las cosas prácticas como consultar un mapa o ir físicamente a comprar en una tienda no fueron grandes problemas para el redactor de The Verge. Sin embargo, sin Internet le resultaba muy difícil encontrar y quedar con gente. "Es más difícil hacer una llamada que mandar un email, es infinitamente más fácil mandar un Whatsapp, chatear o hacer un FaceTime que acercarse hasta la casa de un colega", reconoce Paul. "Al principio superé todos esos obstáculos pero no me duró demasiado tiempo".
"Es difícil decir qué cambió exactamente. Supongo que en los primeros meses estaba tan bien porque  sentía la ausencia de las presiones de Internet. Mi libertad era tangible. Pero cuando dejé de mirar mi vida en el contexto de "Yo no uso Internet", la existencia off line se me antojó vulgar y sacó lo peor de mi". 
Paul empezó a pensar que si algo le sucedía y su teléfono se quedaba sin batería, nadie podría ayudarlo.Fantaseaba con la idea de que en un momento dado sus padres enviarían a alguien a su casa para asegurarse de que seguía vivo."Con Internet es muy fácil saber que alguien está vivo y sano, es fácil colaborar con los compañeros de trabajo y ser una parte relevante de la sociedad. Se ha gastado mucha tinta sobre el falso concepto de Amigo de Facebook pero puedo deciros que un amigo de Facebook es mejor que nada", escribe en su reportaje. 
Quizás Paul tuvo mala suerte. Durante su experimento, su mejor amigo, con quien hablaba por teléfono una vez a la semana, se mudó a China y dejaron de charlar. Su otro colega cambió de trabajo y desapareció. Estas dos circunstancias y su salida de Internet acabaron con su vida social. 
IV La Revelación
En Marzo, Paul fue a una conferencia en Nueva York con el sugestivo nombre Teorizando sobre la web. Y exactamente eso le pareció que hacían todos los ponentes con sus complicadas tesis doctorales sobre la definición de la realidad en la era pos digital y cosas por el estilo. "Cada teoría asumía que Internet estaba en todas partes mientras yo experimentaba mi propio aislamiento en aquella sala".
Lo mejor que sacó de la reunión fue una conversación con Nathan Jurgenson, otro teórico de la red que le digo algo así: "Hay mucha realidad en lo virtual y mucha virtualidad en lo real. Cuando usamos un teléfono o un ordenador seguimos teniendo sangre humana y ocupamos tiempo y espacio. Cuando estamos corriendo por el campo, aún sin conexión, Internet sigue en nuestros pensamientos. Pensamos por ejemplo: ¿Qué voy a tuitear cuando regrese a casa?"
La frase fue reveladora para Paul. Su plan había sido salirse de Internet para estar más en contacto con la realidad, pero su mundo real estaba estrechamente ligado a Internet. Así lo cuenta él:"No voy a decir que mi vida era diferente sin Internet, pero tampoco era la vida real".  
V La vuelta al redil
El 1 de Mayo de 2013 a las doce, Paul volvió a Internet tras un año de desconexión. Había leído cientos de artículos más o menos dramáticos sobre efecto de Internet sobre los humanos, que si nos volvía estúpidos, que si nos convertía en lobos solitarios... Por su experiencia podía decir que Internet no es una ocupación individual, es algo que se hace con los otros. "Internet está donde está la gente", sentencia al final de su reportaje. 
Ninguno de sus tropezones ha sido suficiente para garantizar su uso "racional" o "adecuado" de la red, cualquier cosa que eso signifique. Y el chico avisa: " Cuando vuelva a Internet es posible que pierda el tiempo, que me distraiga o que haga click en sitios inadecuados, y seguramente no tendré tiempo de escribir la gran novela de ciencia ficción americana.Pero al menos estaré conectado".

Aún peor: corrupción más arrogancia



Pachi Vázquez y el alcalde de Ourense

La corrupción siempre arranca de coyunturas inaceptables e indignantes, pero unas veces más que otras, como cuando las fechorías se aliñan con la arrogancia y la chulería. Como el exceso de los socialistas del ayuntamiento de Ourense, que no solo admitieron haber pagado francachelas con cargo a la asignación municipal para, entre otras, festejar la excarcelación del anterior alcalde, sino que lo justificaron, empezando por el propio regidor, que acabó calificándolo de "error puntual", lo que no le exime de la responsabilidad que no afronta, como sería la dimisión. Tampoco disculpa la petulancia de la portavoz municipal, que cuando alguien le reclamó pedir perdón solo supo responder: “¿Perdón de qué?". Pero tan o más grave es que los dirigentes del partido intentansen al principio desviar el caso como un asunto que ha de resolverse en la privacidad, aunque al final no les quedó más remedio que plegarse a la reacción popular. ¿Será que tienen asumido que el dinero público no es de nadie?

domingo, 5 de mayo de 2013

Eufemismos para enmascarar la crisis

Si los políticos aguazasen la imaginación para resolver la crisis del mismo modo que se inventan eufemismos para enmascararla, otro gallo nos cantaría. Para que vean cómo se las gastan a la hora de confundirnos, reproduzco el trabajo de Natalia Bore que publica La Voz de Galicia.
 
 
La crisis alumbra un auténtico diccionario de «neolengua», con eufemismos, perífrasis y circunloquios para ocultar el impacto negativo de la recesión y las medidas adoptadas
 
Con su querencia por el argumento de la «herencia recibida», es posible que el Ejecutivo de Mariano Rajoy quiera aplicarlo también al uso hipertrófico de eufemismos y expresiones rebuscadas en un intento de enmascarar los verdaderos -y dolorosos- significados de sus declaraciones. Fiel a la máxima de que lo que no se nombra no existe (un ejemplo es que Rajoy elude referirse a Luis Bárcenas tanto como un alérgico al pescado huiría del sushi), el Gobierno ha tirado de imaginación y, en menos de año y medio, ha alumbrado un auténtico diccionario de neolengua económica.
Y eso que Rajoy insistió en que llamaría «al pan, pan y al vino, vino». En algo diferente debía de pensar el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando bautizó como desaceleración del crecimiento o aterrizaje suave la peor crisis que se recuerda, resistiéndose también a llamarla por su nombre. Aquello fue el principio de una escalada eufemística que con el actual Ejecutivo llegó a provocar la hilaridad de la prensa internacional. Así, Time titulaba hace ahora un año: «Tú dices tomate, yo digo rescate». Pero nadie se sonrojó y el «al pan, pan» siguió siendo un florido circunloquio. Estos son algunos ejemplos:
Afloramiento de bases
Amnistía fiscal. Ha sido una de las estrellas del diccionario de neolengua del ministro de Hacienda. Cristóbal Montoro hizo alusión a ella por primera vez en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado del 2012, definiéndola como «medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas». A nadie le quedó duda de que era una amnistía fiscal, pese a que Montoro siguió buscándole las vueltas léxicas con contrucciones como «afloramiento de bases» o «regularización de rentas y activos no declarados».
Apoyo financiero
Rescate a la banca. Ni el presidente del Gobierno ni su ministro de Economía, Luis de Guindos, pronunciaron la palabra maldita: rescate. En su lugar emplearon un gran surtido de conceptos que sonaban muchísimo más positivos: desde «apoyo financiero» a «línea de crédito», «préstamo en condiciones extremadamente favorables» o «ayuda» a secas. Pero ¿rescate? Jamás. «No tiene nada que ver», insistió De Guindos hasta la saciedad.
Crecimiento negativo
Recesión. Si a la crisis se la llamó «desaceleración del crecimiento», para referirse al empeoramiento de la economía enferma, es decir, la recesión, De Guindos se decantó por una antítesis y habló de «tasa de crecimiento negativo». También eligió la perífrasis «deterioro adicional importante» para encubrir lo que no es más que una economía en caída libre.
Devaluación interna
Bajada de salarios. La devaluación interna, «devaluación competitiva de salarios» o el más familiar «apretarse el cinturón», repetidamente utilizados por el Ejecutivo, la patronal o el mundo financiero -sin olvidarnos de Bruselas, por supuesto- son más o menos esmeradas fórmulas lingüísticas para evitar pronunciar lo obvio: que seremos más pobres porque nos bajarán los salarios.
Desindexación
Pérdida de poder adquisitivo. Es el último eufemismo incorporado por el Gobierno a su diccionario. Ocurrió en el último Consejo de Ministros de abril y bajo tan oscuro palabro, manejado por la vicepresidenta y los ministros De Guindos y Montoro, se oculta el hecho de que el coste de los contratos públicos ya no se vincularán al IPC, es decir, a la evolución de los precios. De nuevo la traducción explica la reticencia del Ejecutivo a hablar claro: se perderá poder adquisitivo. Además, todo apunta a que la medida puede ser extensiva también a las pensiones.
Flexibilizar el mercado laboral
Abaratar el despido. En la aprobación de la reforma laboral, el Gobierno, con la ministra de Empleo a la cabeza, se cuidó mucho de negar que fuera a abaratar el despido. En su lugar repitieron el mantra de la «flexibilización» del mercado de trabajo. Suena mejor, pero es lo mismo, y los datos de la EPA lo corroboran.
Gravamen complementario
Subida de impuestos.Tan impopulares como las bajadas de sueldo son las subidas fiscales, ya que tienen idéntico efecto sobre el bolsillo de los contribuyentes. Por eso el Gobierno se ha esmerado en desterrarlas de su vocabulario. ¿Imposible? En absoluto: la subida del IRPF que solo se iba a aplicar dos años -ahora ya serán tres- la definió Montoro como un «gravamen complementario», mientras que Soraya Sáenz de Santamaría rizó el rizo cuando habló del «recargo temporal de solidaridad». Pero aunque el impuesto se vista de seda...
Impacto asimétrico de la crisis
Siempre pagan los mismos. Admitir que quienes menos tienen son los más castigados por el catálogo de recortes, ajustes, subidas y bajadas varias adoptadas por el Ejecutivo sería la chispa necesaria para la rebelión ciudadana. Ello explica la elección de la aséptica -y anestésica- afirmación del «impacto asimétrico de la crisis», con el que se deshumaniza un auténtico drama social.
Movilidad exterior
Fuga de cerebros. La emigración forzosa de los jóvenes fue calificada recientemente por la ministra Báñez de «movilidad exterior». Este desafortunado eufemismo provocó tal incendio en las redes sociales que se vio obligada a rectificar un par de horas después.
Reformas
Recortes. Es el comodín que más emplean Rajoy y su Gabinete, porque les permite regatear el proscrito concepto de recorte, que también eluden con «ajustes», «optimizaciones» y «racionalizaciones» de lo más variopintas.
Regulación de empleo
Despidos. Tan engañoso como la «moderación salarial», que no es más que la congelación o, en el peor de los casos, reducción del sueldo, la «regulación» de empleo no tiene nada de inocua: es un modo limpio de llamar al despido, normalmente colectivo.
Sociedad de Gestión de Activos (SAREB)
Banco malo. El caso del banco malo es quizá de los ejemplos más elaborados de ejercicio perifrástico del Gobierno. De Guindos lo bautizó como Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, Sareb para los amigos, con lo que se ocultó completamente que lo que agrupa son los activos inmobiliarios que hundían los balances de las entidades financieras.
Tique moderador sanitario
Euro por receta. La idea original fue de la Generalitat, que consideró que cobrar un euro por receta a los ciudadanos sonaba mucho más confiscatorio que llamarlo «tique moderador del gasto sanitario». Al presidente de la comunidad de Madrid, del PP, le gustó la idea para «racionalizar» el consumo farmacéutico, mientras que la ministra de Sanidad nunca llamó «repago» a lo que realmente lo era. «Copago» fue la fórmula escogida.

jueves, 2 de mayo de 2013

¿Por qué algunos políticos solo aportan soluciones cuando no pueden decidir?

Pocos estarán en desacuerdo con la propuesta de Alfredo Rubalcaba para crear un fondo contra la pobreza dotado con un millón de euros, que bien poco parece para resolver tanta adversidad a corregir entre los más desfavorecidos, sobre todo si lo comparamos con otras aportaciones sociales, evaporadas antes de llegar a su destino. No obstante la iniciativa conduce a la reflexión de siempre: ¿por qué las ideas salvadoras o reparadores se les ocurren siempre a los políticos sin capacidad de decisión, a destiempo? Rubalcaba pudo muy bien haberse adelantado siendo miembro destacado del Gobierno de Zapatero, en vez de la bonificación fiscal de cuatrocientos euros, que acabó en fiasco, y del que se aprovecharon incluso quienes no lo necesitaban. O con los millones malgastados en el famoso Plan E. La crítica puede hacerse extensiva a todos los políticos y a todos los partidos, que solo son dadivosos cuando carecen de responsabilidades de decidir, sabiendo que a nada les compromete.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Ética a puñetazos para hacer política



Plantéese como se plantee, está muy claro. Si antes de que ocurran cosas peores, que pueden ocurrir, los que deberían tener el deber de serenar y rebajar el grado de agitación que se respira en el ambiente avivan la llama, acabaremos chamuscados. Si la ética política que promueve Cayo Lara ha de reivindicarse a puñetazos como el de Beiras ante las narices de Feijoo, en 'sede parlamentaria', el caos y el fracaso del sistema está servido. Lo justifica como "gesto de indignación en sintonía con lo que pasa en la calle", respaldando que la solución consiste en aventajar a los iracundos a guantazos. Y como éramos pocos y tenía que parir la abuela, solo faltaba que el presidente del Supremo alentase a los escraches a no desistir, abriendo puertas a que los acosos queden a merced y en provecho de los alborotadores profesionales, siempre presentes en cualquier algarada callejera, da igual por qué, enmudeciendo y deslegitimando, por ejemplo, a los reclamantes de hipotecas y preferentes en sus apelaciones.

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