Como en todo, no debe generalizarse, pero la percepción de que la Justicia funciona mal sí se generalizó. Puede que sólo trascienda lo que empaña la sensación, pero son demasiados los casos que lo acreditan. Pudieron leerlo como noticia destacada en todos los periódicos: Rafita, uno de los condenados por asesinar a Sandra Palo en 2003, llevaba medio año fugado, en busca y captura por pertenecer a una irascible banda que roba y desguaza coches. La Policía anda a la caza y lo localiza por fin en Vallecas; monta un dispositivo especial con una docena de agentes, dos disfrazados de barrenderos, lo acorralan, se revuelve, agrede y lesiona a varios agentes, ayudado por familiares y compinches. Rechaza declarar en comisaría y lo hace ante el juez, que se muestra compresivo: libertad sin fianza para el angelito, pese a las imputaciones de robo con fuerza a vehículos de motor, pertenencia a grupo criminal y atentado contra la autoridad. ¡Qué importa la alarma social!: Rafita puede seguir su desenfreno y las fuerzas del orden, vuelta a empezar, estimuladas con burla, también al ciudadano, y desprecio.
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Hace 1 hora
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